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Guadalupe (México 1531)

LAS APARICIONES DE GUADALUPE 
EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Siempre Virgen, Santa María de Guadalupe


(México 1531)

En las Apariciones de Jacareí, Nuestra Madre Santísima nos ha hecho recordar que verdaderamente Ella es Aquella que aplasta la cabeza de la serpiente (La Guadalupe en idioma nativo). Fue una Aparición importante y decisiva, para demostrar que Ella es y será siempre la Victoriosa, que al final traerá el Reino de los Sagrados Corazones al mundo.

Recordamos aquí algunos Mensajes en Jacareí, donde Nuestra Excelsa Madre nos recordó Sus Apariciones en el Monte Tepeyac a San Juan Diego, su hijito querido:

“En Guadalupe, dejé Mi Imagen pintada en la capa de Mi hijito, Juan Diego, como prueba de Mi AMOR.” María Santísima, 16/01/1994

“A todos, en este momento bendigo, y especialmente a ti, Marcos, el más dedicado y esforzado de Mis hijos, de Lourdes, de Mi Santuario de Guadalupe, de Montichiari y de Jacareí. ¡La Paz, Mis hijos amados, quedad en la Paz del Señor!María Santísima, 30/12/2012

“Mis Queridos Hijos, hoy, cuando ustedes conmemoran aquí Mi fiesta como la Virgen de Guadalupe, Reina y Emperatriz de las Américas, Yo les invito a todos a que abran sus corazones para Mí y dejen Mi Llama de Amor renovarles.
Y a través de ustedes, el Brasil y toda América, transformando el Continente Americano en un Horno Ardiente de Amor, que dé al mundo la Llama de Amor de Mi Corazón. Que dé al mundo, el verdadero ejemplo de Santidad, el Amor y la Paz.
¡Soy la Virgen de Guadalupe! Que apareció en éste Gran Continente ya en los primeros años de su descubrimiento, para mostrar que verdaderamente amo éste Continente, amo a todos Mis Hijos que nacieron y que aún nacerán aquí.
Y aquí en éste Continente tan insidiado por el adversario, pero tan amado por Mí, donde realicé cosas grandiosas a través de Mi Aparición en Guadalupe, en la Ciudad de México y también en las otras manifestaciones que hice aquí en el pasado, realizaré maravillas.
Y aquí en Jacareí, llevaré Mi Gran Plan de Salvación comenzado con Mi Aparición en México a Su Plena Realización.
Recen el Rosario, hagan los Grupos de Oración que Yo pedí por todas partes. Y entonces Mis Hijos, Mi Corazón Inmaculado triunfará y transformará a toda América en el Jardín de Gracia y de Santidad del Señor y de Mi Corazón.
Yo les amo a todos y quiero continuar conduciéndoles a todos por el camino de la Santidad.
Recen, recen con el corazón. Huyan de todo lo que les distraen en la Oración. No hagan Oraciones frías, Oraciones mecánicas, porque esas Oraciones Mis Hijos, no suben al Cielo.
Recen con el corazón. Cuanto más ustedes rezan con el corazón, tanto más Gracias ustedes recibirán de Mi Llama de Amor y de Mi Inmaculado Corazón.
A todos bendigo con amor: de la Ciudad de México (lugar de su Santuario de Guadalupe)… de La Salette… y de Jacareí.” María Santísima,12/12/2015

"Amados Hijos Míos, hoy cuando contemplan el aniversario de Mis Apariciones en Guadalupe a Mi Hijito Juan Diego, vengo del Cielo nuevamente para decirles:“Soy la mujer vestida de sol, coronada de doce estrellas, con la luna debajo de los pies, Reina de los Ángeles, Madre del Verdadero Dios por quién vivimos.”
Yo Soy la siempre Virgen María, aquella que aplasta la cabeza de la serpiente.¡Yo Soy la Guadalupe!
Vengo para decir que en estos tiempos terribles en que están viviendo, estos tiempos malos, del predominio del pecado, de la apostasía y de Satanás. Yo avanzo todos los días con Mi Ejército Victorioso, llevando a todos Mis Hijos que verdaderamente Me aman y Me obedecen hasta la gran victoria de Mi Inmaculado Corazón." María Santísima, 12/12/2013

Leer Mensaje completo en:

“Que nadie se sienta abandonado por Mí. Que nadie se sienta rechazado por Mí, porque para todos Soy Madre de Misericordia, Madre de Gracia y Madre de Paz.
Continúen haciendo todas las Oraciones que Yo les di aquí. Yo les bendigo ahora: de Guadalupe en la Ciudad de México, de Lourdes y de Jacareí.” María Santísima, 11/12/2013

“A todos hoy bendigo más una vez con amor: de Fátima… de Lourdes… de Guadalupe… de Quito… y de Jacareí.
Derramo ahora sobre todos ustedes Mis Hijos, que traen consigo la Medalla de la Paz en el cuello, a todos los que hacen Mi Hora de la Paz todos los días, rezan Mi Rosario, hacen Grupos de Oración y son Hijos verdaderamente obedientes a Mí. Mi Gracia, Mi Bendición Especial, que permanecerá con ustedes hasta el fin de sus vidas y que podrán transmitir a otros. Y también concedo a Mis Hijos Obedientes ahora la Indulgencia del Señor.” María Santísima, 07/02/2015

“Es necesario que verdaderamente las familias vuelvan a producir “Santos”, vuelvan a producir buenas Vocaciones Religiosas en los niños y eso solo volverá a suceder cuando las familias católicas vuelvan a rezar Mi Rosario, a creer en Mis Apariciones como creían en el pasado como: en Lourdes, en La Salette, en Fátima, en Guadalupe, en Mis Apariciones a Mi Juan Diego, a Bartolo Longo, en Mis Apariciones a Domingo de Guzmán y así, finalmente el mundo será liberado de la dominación de Satanás en las familias.” María Santísima, 04/09/ 2016

El Sacerdote Diocesano, Pde. Rubén Limón de México, 
durante su visita en el Santuario de las Apariciones de Jacareí

El vidente Marcos Tadeo pide la bendición del Sacerdote
después de una Aparición de la Santísima Virgen

Vidente Marcos Tadeo y el Pde. Rubén Limón de México

La Santísima Virgen tocó un Rosario con sus manos virginales en una Aparición de Diciembre de 2014, y solicitó al vidente Marcos que entregara al Sacerdote de México como señal de su estima, amor y amistad de la Madre de Dios para con él.
El Pde. Rubén obsequió al vidente Marcos una tela estampada con la Imagen de la Virgen de Guadalupe.

LA HISTORIA DE LAS 5 APARICIONES AL INDIO SAN JUAN DIEGO



Poco después de la conquista de México, en manos de Hernán Cortés, vino un periodo conocido como la Conquista espiritual. Durante esta etapa, ocurrida durante los primeros años de la Colonia, aparecieron las primeras familias indígenas cristianas en los alrededores de la antigua Tenochtitlan. Juan Diego pertenecía a una de estas familias y nació en Cuautitlán, aldea ubicada al norte de la Villa de Guadalupe, en 1474.

Su nombre nativo era Cuauhtlatóhuac, "el que habla como águila". Su oficio era la manufactura de petates que vendía en Tlatelolco.

Juan Diego a los 53 años tuvo la aparición milagrosa que daría inicio a la adoración de la Virgen de Guadalupe en México y en todo el mundo.

La historia fue así: Juan Diego vivía con su mujer y su tío Juan Bernardino en Tulpetac, lugar donde no había iglesias por lo cual tenían que ir a misa hasta Santa Cruz de Tlatelolco.

Primera Aparición: Sábado 9 de Diciembre en la madrugada

El sábado 9 de diciembre de 1531, Juan Diego se encaminaba hacia ahí y al pasar por el cerro del Tepeyac oyó un canto que no era de esta tierra. Se detuvo a gozar de él y cuando miró arriba vio un sol resplandeciente y en medio a una Señora en actitud de oración (1a aparición). Juan Diego subió a la cumbre y la Santísima Virgen María le dijo: “Escucha hijo Mío, el menor, Juanito, ¿A dónde te diriges?”. Y él le respondió: “Mi Señora, Reina, muchachita mía, allá llegaré a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor, nuestros Sacerdotes”.

Luego Nuestra Madre le dijo con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de Mis hijos, Yo Soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se Me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo Mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que Me invoquen y en Mí confíen. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré. Que por ello te enriqueceré, te glorificaré y mucho de allí merecerás que Yo te retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar en asunto al que te envío. Ya has oído, hijo Mío, el menor, Mi aliento, Mi Palabra; anda, haz lo que esté de tu parte".

Inmediatamente en su presencia se postró; y le digo: “Señora, Niña mía, ya voy a realizar tu venerable aliento, ti venerable palabra: por ahora de ti me aparto, yo tu pobre indiecito”.

El obispo no lo tomó en serio y le pidió que volviese otra vez al lugar a ver si sus ojos no lo habían traicionado.

Estas fueron las palabras del Obispo Zumárraga: “Hijito mío, otra vez vendrás, aún con calma te oiré, muy aun desde el principio lo miraré, pensaré lo que te hizo venir acá, tu voluntad, tu deseo.”

Regresó desconsolado Juan Diego y la Santísima Virgen se le apareció otra vez (2da aparición) para decirle que volviera el Domingo a ver al señor obispo. Así lo hizo Juan Diego, pero el obispo le pidió una señal comprobatoria de la voluntad de la Virgen.

Segunda Aparición: Sábado 9 de Diciembre aproximadamente a las 5 de la tarde.

Juan Diego vuelve a la cumbre y da cuenta de la incredulidad del Obispo y pide que escoja otro mensajero. Juan Diego dice a Nuestra Madre durante el éxtasis:

“Patroncita, Señora, Reina, hija Mía, la más pequeña, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra, aunque difícilmente entré a donde es el lugar del Gobernante Sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste. Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto. Me dijo: Hijito mío, otra vez vendrás, aún con calma te oiré, muy aun desde el principio lo miraré, pensaré lo que te hizo venir acá, tu voluntad, tu deseo. Bien en ello mire, según me respondió. Que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o tal vez no es de tus labios. Mucho te suplico, Señora Mía, Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean”

Pero la Virgen le confirma en su misión y le ordena insistir al día siguiente, Ella tuvo la afabilidad de responderle: “Escucha, hijito mío el más pequeño, ten por seguro que no son pocos mis servidores, mis embajadores mensajeros a quienes podría confiar que llevaran mi aliento, mi palabra, que ejecutaran mi voluntad; mas es indispensable que seas precisamente tú quien negocie y gestione, que sea totalmente por tu intervención que se verifique, que se lleve a cabo mi voluntad, mi deseo. Y muchísimo te ruego, hijito mi consentido, y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo. Y de mi parte adviértele, hazle oír muy claro mi voluntad, mi deseo para que realice, para que haga mi templo que le pido. Y de nuevo comunícale de que manera nada menos que yo, yo la siempre Virgen María, la Venerable Madre de Dios, allá te envío de mensajero.”

Y Juan Diego le respondió respetuosamente, le dijo reverentemente: “Señora mía, Reina, Virgencita mía, ojalá que no aflija yo tu venerable rostro, tu amado corazón; con el mayor gusto iré, voy ciertamente a poner en obra tu venerable aliento, tu amada palabra; de ninguna manera me permitiré dejar de hacerlo, ni considero penoso el camino. Iré, pues, desde luego, a poner en obra tu venerable voluntad, pero bien puede suceder que no sea favorablemente oído, o, si fuere oído, quizá no seré creído; pero mañana, por la tarde, cuando se ponga el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu amada palabra lo que me responda el Jefe de los Sacerdotes. Ya me despido, Hijita mía la más amada, Virgencita mía, Señora, Reina.” Por favor, quédate tranquila. Luego la Santísima Virgen desapareció y él se fue a su casa a descansar.

Tercera Aparición: Domingo 10 de Diciembre como a las 3 de la tarde.

SEGUNDA ENTREVISTA CON ZUMARRAGA


Al día siguiente, Domingo, muy de madrugada, cuando todo estaba aún muy oscuro, Juan Diego salió de su casa rumbo a Tlaltelolco: primero fue a misa y luego a ver al Obispo Zumarraga. Y tan pronto como llegó en el Palacio del Obispo, hizo todo lo posible para tener el privilegio de verlo, y con mucha dificultad otra vez tuvo ese honor. A sus pies, Juan Diego hincó las rodillas, llora, se pone triste, en tanto que dialoga, mientras le expone el venerable aliento, la amada palabra de la Reina del Cielo, para ver si al fin era creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, tocante a que le hagan, le edifiquen, le levanten, su templo donde se dignó indicarlo, en donde Ella quería.

Y el Señor Obispo muchísimas cosas le preguntó, le examinó, para cerciorarse dónde fue a verla, qué aspecto tenía. Juan Diego todo lo narró al Señor Obispo, con todos sus detalles, pero, pese a que todo absolutamente se lo pormenorizó, hasta en los más menudos detalles, y que en todas las cosas vio, se asombró porque clarísimamente parecía que Ella era la perfecta Virgen, la venerable, gloriosa y preciosa Madre de Nuestro Salvador Jesucristo, a fin de cuentas, no estuvo de acuerdo de inmediato, sino que le dijo que no nada más por su palabra, su petición, se haría, se ejecutaría lo que solicitaba, que era todavía indispensable algo como señal para poder creerle que era precisamente Ella, la Reina del Cielo, quien se dignaba enviarlo de mensajero.


Y tan pronto como lo oyó, Juan Diego dijo respetuosamente al Obispo: Señor Gobernante, por favor sírvete ver cuál será la señal que tienes a bien pedirle, pues en seguida me pondré en camino para solicitársela a la Reina del Cielo, que se dignó enviarme acá de mensajero. Y cuando vio el Obispo que todo lo confirmaba, que desde su primera reacción en nada titubeaba o dudaba, luego lo despidió; pero apenas hubo salido, luego ordenó a algunos criados, en quienes tenía gran confianza, que fueran detrás de él, que cuidadosamente lo espiaran a dónde iba, y a quién veía o hablaba.

Y así se hizo. Y Juan Diego en seguida emprendió el camino. Y lo siguieron, pero allí donde sale la barranca, cerca del Tepeyac, por el puente de madera, lo perdieron de vista, y por más que por todas partes lo buscaron, ya en ningún lugar lo vieron, por lo que se regresaron. Y con eso no sólo se vinieron a enfadar grandemente, sino también porque los frustró, los dejó furiosos, de manera que le fueron a insistir al Señor Obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le inventaron que lo que hacía era sólo engañarlo deliberadamente, que era mera ficción lo que forjaba, o bien que sólo lo había soñado, sólo imaginado en sueños lo que decía, lo que solicitaba. Y en este sentido se confabularon unos con otros, que si llegaba a volver, a regresar, allí lo habían de agarrar y castigar duramente para que otra vez ya no ande contando mentiras, ni alborotando a la gente.


Entre tanto Juan Diego estaba en la presencia de la Santísima Virgen, comunicándole la respuesta que venía a traerle de parte del Señor Obispo. Y cuando se lo hubo notificado, la Gran Señora y Reina le respondió: “Así está bien, hijito Mío el más amado, mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote la prueba, la señal que te pide. Con eso en seguida te creerá, y ya, a ese respecto, para nada desconfiará de ti ni de ti sospechará. Y ten plena seguridad, hijito Mío predilecto, que Yo te pagaré tu cuidado, tu servicio, tu cansancio que por amor a Mí has prodigado. ¡Ánimo, Mi muchachito! que mañana aquí con sumo interés habré de esperarte”.
Así fue la conversación entre Juan Diego y la Santísima Virgen, donde Ella le pidió que volviera al día siguiente.



TERCERA APARICIÓN

EL TIO MORIBUNDO


Pero a la mañana siguiente, lunes, cuando Juan Diego debería llevarle alguna señal suya para ser creído, ya no regresó, porque cuando fue a llegar a su casa, a un tío suyo, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba en las últimas, por lo que se pasó el día buscando médicos, todavía hizo cuanto pudo al respecto; pero ya no era tiempo, ya estaba muy muy grave. Y al anochecer, le rogó instantemente su tío que, todavía de noche, antes del alba, le hiciera el favor de ir a Tlaltelolco a llamar a algún sacerdote para que viniera, para que se dignara confesarlo, se sirviera disponerlo, porque estaba del todo seguro que ya era su ahora, ya era el aquí para morir, que ya no habría de levantarse, que ya no sanaría.

Y el martes, todavía en plena noche, de allá salió, de su casa, Juan Diego, a llamar al sacerdote, allá en Tlatelolco.

Y cuando ya vino a llegar a la cercanía del cerrito Tepeyac, a su pie, donde sale el camino, hacia el lugar donde se pone el sol, donde antes él pasara, se dijo: “Si sigo de frente por el camino, no vaya a ser que me vea la noble Señora, porque como antes me hará el honor de detenerme para que lleve la señal al Jefe de los Sacerdotes, conforme a lo que se dignó mandarme. Que por favor primero nos deje nuestra aflicción, que pueda yo ir rápido a llamar respetuosamente el sacerdote religioso. Mi venerable tío no hace sino estar aguardándolo”. En seguida le dio la vuelta al monte por la falda, subió a la otra parte, por un lado, hacia donde sale el sol, para ir a llegar rápido a México, para que no lo demorara la Reina del Cielo. Se imaginaba que por dar allí la vuelta, de plano no iba a verlo Aquella cuyo amor hace que absolutamente y siempre nos esté mirando.

Pero la vio como hacia acá bajaba de lo alto del montecito, desde donde se había dignado estarlo observando, allá donde desde antes lo estuvo mirando atentamente. Le vino a salir al encuentro de lado del monte, vino a cerrarle el paso, se dignó decirle: ¿Qué hay, hijo Mío el más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas a ver?

Y él, ¿acaso un poco por eso se apenó, tal vez se avergonzó, o acaso por eso se alteró, se atemorizó? En su presencia se postró, con gran respeto la saludó, tuvo el honor de decirle: “Mi Virgencita, hija mía la más amada, mi Reina, ojalá estés contenta; ¿Cómo amaneciste? ¿Estás bien de salud?, Señora mía, mi Niñita adorada? Causaré pena a tu venerado rostro, a tu amado corazón: Por favor, toma en cuenta, Virgencita mía, que está gravísimo un criadito tuyo, tío mío. Una gran enfermedad en él se ha asentado, por lo que no tardará en morir. Así que ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de prepararlo. Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte. Pero, aunque voy a ejecutar esto, apenas termine, de inmediato regresaré aquí para ir a llevar tu venerable aliento, tu amada palabra, Señora, Virgencita mía. Por favor, ten la bondad de perdonarme, de tenerme toda paciencia. De ninguna manera en esto te engaño, Hija mía la más pequeña, mi adorada Princesita, porque lo primero que haré mañana será venir a toda prisa”

Y tan pronto como hubo escuchado la palabra de Juan Diego, tuvo la gentileza de responderle la venerable y piadosísima Virgen: “Por favor presta atención a esto, ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío el más querido: No es nada lo que te espantó, te afligió, que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor. ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna? Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe, ojalá que no te angustie la enfermedad de tu honorable tío, de ninguna manera morirá ahora por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó”. (Y luego, exactamente entonces, sanó su honorable tío, como después se supo).

LAS FLORES


Y Juan Diego, apenas oyó el venerable aliento, la amada palabra de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, mucho con ello quedó satisfecho su corazón. Y le suplicó instantemente que de inmediato tuviera a bien enviarlo de mensajero para ver al gobernante Obispo, para llevarle la señal, su comprobación, para que le crea. Y la Reina del Cielo de inmediato se sirvió mandarle que subiera arriba del cerrito, allí donde antes había tenido el honor de verla. Se dignó decirle: “Sube, hijito Mío queridísimo, arriba del cerrito, donde Me viste y te di órdenes. Allí verás que están sembradas diversas flores: Córtalas, reúnelas, ponlas juntas. Luego bájalas acá, aquí ante Mí tráemelas”.

Y acto continuo, Juan Diego subió al cerrito. Y al alcanzar la cumbre, quedó mudo de asombro ante las variadas, excelentes, maravillosas flores, todas extendidas, cuajadas de capullos reventones, cuando todavía no era su tiempo de darse. Porque en verdad entonces las heladas son muy fuertes. Su perfume era intenso, y el rocío de la noche como que las cuajaba de perlas preciosas.

En seguida se puso a cortarlas, todas absolutamente las juntó, llenó con ellas el hueco de su tilma. Y conste que la cúspide del cerrito para nada es lugar donde se den flores, porque lo que hay en abundancia son riscos, abrojos, gran cantidad de espinas, de nopales, de mezquites, y si algunas hierbezuelas se dan, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo devora, lo aniquila el hielo.

Bajó en seguida trayendo a la Reina del Cielo las diversas flores que le había ido a cortar, y Ella, al verlas, tuvo la afabilidad de tomarlas en sus manecitas, y volvió amablemente a colocárselas en el hueco de su tilma. Se dignó decirle: “Hijito queridísimo, estas diferentes flores son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo. De parte mía le dirás que por favor vea en ella mi deseo, y con eso ejecute mi deseo, mi voluntad. Y tú... tú eres mi plenipotenciario, puesto que en ti pongo toda mi confianza. Y con todo rigor te ordeno que sólo exclusivamente frente al Obispo despliegues tu tilma y le muestres lo que llevas. Y le contarás con todo detalle cómo yo te mandé que subieras al cerrito para cortar las flores, y todo lo que viste y admiraste. Y con esto le conmoverás el corazón al Gran Sacerdote para que interceda y se haga, se erija mi templo que he pedido.”

Y al dignarse despedirlo la Reina del Cielo, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, viene feliz, rebosante de alegría, ya así viene, rebosante de dicha su corazón, porque esta vez todo saldrá bien, lo desempeñará bien. Pone exquisito cuidado en lo que trae en el hueco de su tilma, no vaya a ser que algo se le caiga. Viene extasiado por el perfume de las flores, tan diferentes y maravillosas.

CUARTA APARICIÓN

TERCERA ENTREVISTA CON ZUMÁRRAGA


Y al llegar al palacio episcopal le salió al encuentro el mayordomo e incluso otros criados del señor Obispo. Y les rogó que por favor le dijeran que quería verlo; pero ninguno accedió, no querían hacerle caso, quizá porque aún no amanecía, o quizá porque ya lo conocen, que sólo los fastidia, que les es insoportable, y porque ya les habían hablado de él sus compañeros que lo habían perdido de vista cuando pretendieron seguirlo.

Muy largo tiempo estuvo esperando la respuesta, y cuando vieron que llevaba ahí tan largo tiempo, cabizbajo, sin hacer nada, a ver si era llamado, notaron que al parecer traía algo en su tilma, y se le acercaron para ver lo que traía, para dar gusto a su corazón. Y al ver Juan Diego que era imposible ocultarles lo que llevaba, y que por eso lo molestarían, lo expulsarían a empellones o lo maltratarían, un poquito les mostró que eran flores. Y al ver que se trataba de diversas y finísimas flores, siendo que no era su tiempo, se asombraron muchísimo, y más al ver cuán frescas estaban, cuán abiertas, cuán exquisito su perfume, cuán preciosas, y ansiaron coger unas cuantas, arrebatárselas. Y no una, sino tres veces se atrevieron a agarrarlas, pero fracasaron, porque cuando pretendían tomarlas, ya no podían ver flores, sino las veían como pinturas, como bordados o aplicaciones en la tilma.

Con eso, en seguida fueron a decirle respetuosamente al Señor Obispo lo que habían visto, y que pretendía verlo el indito que ya tantas veces había venido, quien tenía mucho esperando el recado, porque suplicaba permiso para verlo. Y tan pronto como el Señor Obispo escuchó eso, captó su corazón que esa era la prueba para que aceptara lo que ese hombre había estado gestionando. De inmediato se sirvió llamarlo, que en seguida entrara a casa para verlo.

Y cuando entró, se prosternó en su presencia, como toda persona bien educada. Y de nueva cuenta, y con todo respeto, le narró todo lo que había visto, admirado, y su mensaje.

LA VERSIÓN DE JUAN DIEGO

Le dijo con gran respeto: “Mi Señor, Gobernante, ya hice, ya cumplí lo que tuviste a bien mandarme, y así tuve el honor de ir a comunicarle a la Señora, mi Ama, la Reina del Cielo, venerable y preciosa Madre de Dios, que tú respetuosamente pedías una señal para creerme, y para hacerle su templecito, allí donde tiene la bondad de solicitarte que se lo levantes. Y también tuve el honor de decirle que me había permitido darte mi palabra de que tendría el privilegio de traerte algo como señal, como prueba de su venerable voluntad, conforme a lo que tú te dignaste indicarme.

Y tuvo a bien oír tu venerable aliento, tu venerable palabra y se prestó gustosa a tu solicitud de alguna cosa como prueba, como señal, para que se haga, se ejecute su amada voluntad. Y hoy, siendo aún noche cerrada, se sirvió mandarme que tuviera el honor de venir de nuevo a verte. Y yo me honré pidiéndole algo como su señal para que fuera creído, conforme a lo que me había dicho que me daría, y de inmediato, pero al instante, condescendió en realizarlo, y se sirvió enviarme a la cumbre del cerrito, donde antes había tenido el honor de verla, para que fuera a cortar flores diferentes y preciosas”.

“Y luego que tuve el privilegio de ir a cortarlas, se las llevé abajo. Y se dignó tomarlas en sus manecitas, para de nuevo dignarse ponerlas en el hueco de mi tilma, para que tuviera el honor de traértelas y sólo a ti te las entregara”.

“Pese a que yo sabía muy bien que la cumbre del cerrito no es lugar donde se den flores, puesto que sólo abundan los riscos, abrojos, espinas, nopales escuálidos, mezquites, no por ello dudé, no por eso vacilé. Cuando fui a alcanzar la cumbre del montecito, quedé sobrecogido: ¡Estaba en el paraíso! Allí estaban reunidas todas las flores preciosas imaginables, de suprema calidad, cuajadas de rocío, resplandecientes, de manera que yo -emocionado- me puse en seguida a cortarlas. Y se dignó concederme el honor de venir a entregártelas, que es lo que ahora hago, para que en ellas te sirvas ver la señal que pedías, para que te sirvas poner todo en ejecución. Y para que quede patente la verdad de mi palabra, de mi embajada, ¡Aquí las tienes, hazme el honor de recibirlas!”

LA IMAGEN EN LA TILMA




Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las flores. Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas, en ese mismo instante se convirtió en señal, apareció de improviso la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de conservarla, guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe.

Y tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón, su pensamiento. Y el señor Obispo, con lágrimas de compunción le rogó y suplicó le perdonara por no haber ejecutado de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra. Y poniéndose de pie, desató del cuello la vestidura, el manto de Juan Diego, en donde se dignó aparecer, en donde está estampada la Señora del Cielo, y en seguida, con gran respeto, la llevó y la dejó instalada en su oratorio.

Y todavía un día entero pasó Juan Diego en casa del Obispo, él tuvo a bien retenerlo. Y al día siguiente le dijo: “¡Vamos! para que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templecito”. De inmediato se convidó gente para hacerlo, para levantarlo.


EL TIO SANO

Y Juan Diego, una vez que les hubo mostrado dónde se había dignado mandarle la Señora del Cielo que se levantara su templecito, luego les pidió permiso. Aun quería ir a su casa para ver a su honorable tío Juan Bernardino, que estaba en cama gravísimo cuando lo había dejado y venido para llamar a algún sacerdote, allá en Tlatelolco, para que lo confesara y dispusiera, de quien la Reina del Cielo se había dignado decirle que ya estaba sano. Y no solamente no lo dejaron ir solo, sino que lo escoltaron hasta su casa. Y al llegar vieron a su venerable tío que estaba muy contento, ya nada le dolía. Y él quedó muy sorprendido de ver a su sobrino tan escoltado y tan honrado. Y le preguntó a su sobrino por qué ocurría aquello, por qué tanto lo honraran.

QUINTA APARICIÓN: EL NOMBRE DE GUADALUPE


Y él le dijo cómo cuando salió a llamar al sacerdote para que lo confesara y preparara, allá en el Tepeyac bondadosamente se le apareció la Señora del Cielo, y lo mandó como su mensajero a ver al Señor Obispo para que se sirviera hacerle una casa en el Tepeyac, y tuvo la bondad de decirle que no se afligiera, que ya estaba bien, con lo que quedó totalmente tranquilo.

Y le dijo su venerable tío que era verdad, que precisamente en ese momento se dignó curarlo. Y que la había visto ni más ni menos que en la forma exacta como se había dignado aparecérsele a su sobrino. Y le dijo cómo a él también se dignó enviarlo a México para ver al Obispo. Y que, cuando fuera a verlo, que por favor le manifestara, le informara con todo detalle lo que había visto, y cuán maravillosamente se había dignado sanarlo, y que condescendía a solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.


INICIO DEL CULTO


Y en seguida traen a Juan Bernardino a la presencia del Señor Obispo, para rendir su informe y dar fe ante él. Y a ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en su casa unos cuantos días, durante todo el tiempo que se erigió el templecito de la Soberana Señora allá en el Tepeyac, donde se dignó dejarse ver de Juan Diego. Y el señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa y venerada imagen de la preciosa Niña del Cielo. Tuvo a bien sacarla de su palacio, de su oratorio, donde estaba, para que toda la gente pudiera ver y admirar su maravillosa imagen.

Absolutamente toda la ciudad se puso en movimiento ante la oportunidad de ver y admirar su preciosa y amada imagen.

LA CONVERSIÓN DE MÉXICO


Venían a reconocer su carácter divino, a tener la honra de presentarle sus plegarias, y mucho admiraban todos la forma tan manifiestamente divina que había elegido para hacerles la gracia de aparecerse, como que es un hecho que a ninguna persona de este mundo le cupo el privilegio de pintar lo esencial de su preciosa y amada imagen.


Poco tiempo después, inició la construcción del primer templo dedicado a la Virgen Morena, en el barrio hoy conocido como La Villa.


Por su parte, Juan Diego ha sido elevado a santo por la Iglesia Católica en el año 2002. Y como un homenaje a este nativo de Cuautitlán, la leyenda al pie de su imagen -ubicada en la plaza de la Basílica de Guadalupe-, refiere lo siguiente: "Personificación de nuestro pueblo, a quien la excelsa Madre de Dios tituló: hijo predilecto de su corazón y le mandó pedir al obispo un templo donde mostrar su misericordia. Al entregar las flores recibidas como señal, apareció estampada en su tilma la maravillosa imagen de la Virgen de Guadalupe, el 12 de Diciembre de 1531, año metlactli omey acatl, 13-caña, fecha inmortal para todos los mexicanos."















EL MILAGRO DE LA TILMA DE GUADALUPE


La aparición de la Virgen de Guadalupe es una maravillosa obra de evangelización de la Madre de Dios, hecha en los primeros años del desembarco de los españoles en América. María se mezcló tempranamente con la llegada de los europeos a México para impulsar el conocimiento de Su Hijo entre indios y futuros habitantes de las Américas.

Muchos milagros se descubren hoy en día en conexión con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El milagro de Guadalupe perdura hoy en día en la tilma de Juan Diego, la que conserva el testimonio vivo de lo ocurrido: la imagen que María quiso retratar en ella está expuesta actualmente en la iglesia que se construyó en el cerro Tepeyac. Enorme cantidad de milagros se pueden testimoniar al estudiar la tilma con métodos científicos:

· En los ojos de María se han descubierto imágenes humanas de tamaño diminuto, que ningún artista podría pintar. Trece figuras humanas se han identificado en un espacio de 8 milímetros de diámetro. Existen dos escenas: la primera contiene al obispo Zumárraga sorprendido frente al indio Juan Diego, que abre su tilma y descubre la imagen de María. Otros testigos complementan la escena del milagro, como el traductor de lengua Náhuatl al español, una mujer de raza negra, etc. La segunda escena, mucho más pequeña que la anterior, se ubica en el centro de los ojos y contiene una imagen familiar típica de indígenas americanos: un matrimonio con varios hijos alrededor. Las dos escenas se repiten en ambos ojos con una precisión sorprendente, incluida la diferencia de tamaño producida por la mayor cercanía de un ojo respecto del otro, frente a los objetos retratados. Se ha utilizado tecnología digital similar a la usada en las imágenes que se reciben desde los satélites, para analizar las figuras impresas en los ojos de María.
  1. · La imagen del obispo Zumárraga (retrato minúsculo hallado en los ojos de María) fue agrandada a su vez mediante tecnología digital, hasta poder observar qué se refleja en su mirada, en los ojos del obispo retratados en los ojos de María. Allí se halló la imagen del indio Juan Diego, abriendo su tilma frente al obispo. ¿El tamaño de ésta imagen?. Una cuarta parte de un millonésimo de milímetro.
  2. · Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de María han detectado que al acercarles luz, la retina se contrae, y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, tal cual como ocurre en un ojo vivo. ¡Los ojos de María están vivos en la tilma!. También se descubre que los ojos poseen los tres efectos de refracción de la imagen que un ojo humano normalmente posee. Lograr estos efectos a pincel es absolutamente imposible, aún en la actualidad.
  3. · Al tomarse la temperatura de la fibra de maguey con que está construida la tilma, se descubre que milagrosamente la misma mantiene una temperatura constante de 36.6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.
  4. · Uno de los médicos que analizó la tilma colocó su estetoscopio debajo de la cinta que María posee (señal de que está encinta) y encontró latidos que rítmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto, igual que un bebé que está en el vientre materno. Es el Niño Jesús que está en el Santo Vientre de la Madre de Dios.
  5. · La fibra de maguey que constituye la tela de la imagen, no puede en condiciones normales perdurar más que 20 o 30 años. De hecho, hace varios siglos se pintó una réplica de la imagen en una tela de fibra de maguey similar, y la misma se desintegró después de varias décadas. Mientras tanto, a casi quinientos años del milagro, la imagen de María sigue tan firme como el primer día. Se han hecho estudios científicos a este hecho, sin poder descubrirse el origen de la incorruptibilidad de la tela.
  6. · No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, al acercarse uno a menos de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo. Los colores desaparecen. Estudios científicos de diverso tipo no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica de pintura conocida. Los científicos de la NASA afirmaron que el material que origina los colores no es ninguno de los elementos conocidos en la tierra.
  7. · Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo. Los colores flotan en el aire, sobre la superficie de la tilma.
  8. · Varias veces, a lo largo de los siglos, los hombres han pintado agregados a la tela. Milagrosamente estos agregados han desaparecido, quedando nuevamente el diseño original, con sus colores vivos.
  9. · En el año 1791 se vuelca accidentalmente ácido muriático en el lado superior derecho de la tela. En un lapso de 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstituye milagrosamente el tejido dañado. Actualmente apenas se advierte este hecho como una breve decoloración en ese lugar, que testimonia lo ocurrido.
  10. · Las estrellas visibles en el Manto de María responden a la exacta configuración y posición que el cielo de México presentaba en el día en que se produjo el milagro, según revelan estudios astronómicos realizados sobre la imagen.
  11. · A inicios del siglo XX, un hombre colocó un arreglo floral a los pies de la tilma, que contenía una bomba de alto poder. La explosión destruyó todo alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación. Una Cruz de pesado metal que se encontraba en las proximidades fue totalmente doblada por la explosión, y se guarda como testimonio en el templo.

El Obispo Zumárraga en los Ojos de la Virgen Impresa en la Tilma



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Relato ilustrado de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe basado en el Nican Mopohua
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Nican Mopohua - Traducción y comentarios de Mons. José Luis Guerrero Rosado
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Síntesis de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego
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Documentos Históricos
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